Punta Arenas impone sus condiciones: viento intenso, lluvia y nieve. La respuesta fue construir desde la simplicidad, sin concesiones al clima ni a la comodidad interior.
Un volumen de dos aguas, limpio y directo, organiza los 104 metros cuadrados. La forma no es casual: la cubierta inclina el agua, divide el viento y permite ganar altura interior, que era lo que el cliente buscaba. Una bosca ubicada en el punto central de la planta garantiza que el calor llegue a cada rincón.
Del volumen se sustraen pequeños retranqueos que generan la terraza y el acceso a la chiflonera, el espacio de transición que toda casa austral necesita antes de entrar al calor. Gestos mínimos que no comprometen la compacidad del conjunto.
Cuatro dormitorios y tres baños distribuidos con precisión. La planta libre pública integra estar, comedor y cocina sin desperdiciar circulaciones. Cada metro cuadrado trabaja.