Ante la limitación de metros cuadrados, la pregunta no es cuántos espacios caben, sino cuáles merecen existir. Este proyecto apuesta por menos, pero mejor: espacios amplios, confortables y capaces de adaptarse.
Un volumen semicircular organiza el programa y lo trasciende. La cáscara cilíndrica que lo envuelve genera un umbral interior-exterior que amplía la sensación espacial sin abandonar la condición de refugio.
El pasillo se convierte en el gesto central del proyecto. Ancho, dinámico, abierto mediante correderas que transforman la circulación en terraza de patio. La cabaña respira hacia afuera cuando quiere, y se recoge cuando lo necesita.